Mayo de 2008
Jueves 5 de marzo de 2009, por Cthuchi Zamarra (actualizado el 12 de marzo de 2009)
Entrevista: Cthuchi, del grupo de música tradicional Arroyo Los Cagaos
Villanueva de la Vera (Cáceres), 30 de mayo 2008.
En la comarca de la Vera, al noreste de Extremadura, aún se pueden encontrar manifestaciones de raigambre genuinamente popular, aunque plenamente situadas en el s. XXI. Un ejemplo es el grupo de música tradicional El Arroyo Los Cagaos. Jesús (Cthuchi), descubrió hace más de diez años que no sólo el rock, y todas sus variantes, puede ser vehículo de crítica social y reivindicación. Las rondas, las coplillas y los cantares de su pueblo lo habían sido durante siglos y podían continuar siéndolo en plena era de la propiedad intelectual y los derechos de autor, pese a quien pese. Pero, dejemos que Chuchi nos cuente...
“Reivindicar la identidad propia no sólo perdiendo el miedo a la otra sino más bien contaminándose de ella”
El Arroyo Los Cagaos. Guitarras: Gorka Pavillo, Elma Churubía, Abelillo Jolatero, Alberto Porretas (el “Richar”), Mary Castrejón. Tiple Canario; Nachete Moralo, Almireces: Chema Caldero (Sentencia). Caldero: Carlatos Burrillo. Cántaro: Raúl Guilaro (Brutamonte). Bandurria y voz solista: José Luis Castañar (Torollo). Laúd: Alvaro Robledillo. Laud y violín: Cthuchi Zamarra, Clarinete; Toñarro Galápaga.

Brevemente, ¿en qué consiste vuestro proyecto musical, vuestro grupo? Y un poco también vuestra trayectoria.
Empezamos en 1996. En el origen del grupo teníamos veintipocos. Éramos un grupo de amigos que ya tocábamos música tradicional, algunos con grupos folclóricos y otros por su cuenta. Nos apuntamos a un concurso de jotas y rondeñas en Candeleda y esa fue la excusa por la que nos juntamos y nos dimos este nombre con una clara intención de romper con lo que se estaba haciendo con el folklore. No sólo por el nombre, sino también por los cantares que también daban mucho la nota. Por ejemplo nos centrábamos en temas relacionados con los curas: “la Iglesia es un gran negocio y el cura es un comerciante” y cosas parecidas (señoritos, guardias) que recuperaban la tradición anticlerical de los movimientos sociales que denunciaban la corrupción moral de la iglesia antes del franquismo, pero también esa tradición de picaresca y escatología tan prolífica en la música tradicional y que parecía desaparecida del mapa. Algunos amigos se fueron animando, aprendiendo y se incorporaron después y poco a poco hicimos el repertorio. En 1998 ya nos llamaron para tocar en algún pueblo y en 1999 fuimos al festival folk de Segovia que fue nuestro lanzamiento. Conocimos a gente de La Mancha: La Ronda los Llanos de Albacete, por ejemplo, que nos empiezaron a llevar a tocar por allí. En el pueblo antes de llamarnos los Cagaos nos llamaban los jevis o los calaveras por el pelo largo, las camisetas... la estética del momento.
¿Alternabais musicalmente?
Algunos hemos tocado antes de tener el grupo instrumentos típicos del heavy. Yo por ejemplo el bajo, lo que me sirvió para tocar el laúd porque la afinación y el movimiento de púa es parecido. El compañero Torollo, que toca la bandurria, tocaba la guitarra eléctrica, Alex tocaba la batería, luego el cántaro aunque lo ha dejado por cuestiones de trabajo.
¿Cuántos sois?
Fuimos 11, el grupo de amigos, pero nos hemos quedado una estructura de 7, por motivos familiares sobre todo. Los niños, hacerse la casa, la empresa, esto y aquello, al final no hay tiempo para ensayar. Ahora nos hemos refundado en once otra vez, incluyendo nuevos fichajes jevis de los grupos de la zona. Antes ensayábamos por los bares, de fiesta, en la calle.
Ensayo vivencial...
Por eso la revolución fue que éramos heavies y nos incorporamos a la jota cada uno por su lado, pero tocando mucho juntos por lo que íbamos con nuestro particular aire y filosofía, pero recuperando lo que nos gustaba. Luego para escenario lo preparábamos más.
¿Con qué instrumentos trabajáis ahora?
Instrumentos de la zona. De cuerda: guitarra, laúd y bandurria, son los principales. Incorporé el violín que tocaba el tío Sartenilla que estaba muy mayor, y luego murió, y la flauta la fuimos introduciendo para romper el sonido de tanta cuerda, pero en la calle no se utiliza, aunque suena bastante tradicional. En percusión el instrumento más característico es el caldero de hierro a la manera de Villanueva (lo sujetamos por el asa) y el cántaro que nos permite prescindir de un bajo pues nos da la parte fuerte del compás.
La primera vez que me hablaron de vosotros me contaron que tocabais con un cántaro y una alpargata...
Sí se puede tocar dando en la boca del cántaro con una boina o una alpargata y te produce un sonido de bombo suave.
Habéis grabado discos ya ¿no?
En Segovia conocimos a Iñaki Peña de Trébede y a la gente de Los Errantes. Nos quería poner en la radio y no teníamos nada grabado y eso fue lo que nos llevó a grabar con Carlos Escobero, el cantante de Sober (ahora de Savia), que es de aquí del pueblo e incluso tocó con nosotros. Grabamos en su estudio CUBE especializado en heavy.
Se ven vuestros antecedentes personales.
El segundo disco también lograbamos allí y el tercero en Navalmoral. El primero salió en 2001, el siguiente en 2003, que estábamos en medio de las manifestaciones contra la guerra de Irak, y el último lo hemos sacado en 2007. El primero se llama Zambra Partocha, que significa jolgorio, cachondeo, y partocha es el gentilicio de Villanueva. El segundo Velâhílë, que significa he aquí, y el tercero Zacapella que es como una travesura pero con mala intención, parecido al término zacatúa que quizás sea más conocido.
Intentando recuperar el habla del pueblo.
La identidad de la música, de la zona, jugar con las identidades locales. Muchos habían dejado el grupo, interpreto que no sólo porque se hayan ido del pueblo sino por otras circunstancias. Por ejemplo yo vivía en Madrid hasta hace 2 ó 3 años. Otros dos en Cáceres, otro en Madrid y tres en el pueblo.
Extremadura es de las pocas comunidades con un saldo de migración juvenil negativo, mientras que vosotros os habéis podido quedar o habéis vuelto.
Los que estábamos fuera éramos los estudiantes. La emigración en Extremadura es en gran parte por estudios. Yo tenía claro que quería vivir en el pueblo y al terminar volví, estoy tratando de buscarme la vida. Seis meses en paro y seis trabajando, pero con las clases particulares de música voy sobreviviendo. El otro estudiante se fue a Cáceres. Y el segundo por la novia que es la que se fue a estudiar. Los que se quedaron trabajaban en el tabaco y la construcción.
Ocupaciones en entredicho...
Sí, el tabaco tiene las horas contadas y la construcción va a menos por la crisis. Además dos compañeros trabajan en una quesería familiar.
Para el repertorio ¿os basáis en letras de la zona o las creáis vosotros?
El primer disco era de música de la Sierra de Gredos, que cambia el estilo de unos pueblos a otros, pero es una única unidad cultural. Lo que es en las letras hay una uniformidad, creo que en la mayor parte de España. Hay estribillos que no varían, pero luego puedes incorporar letras según la ocasión, es su gran riqueza. La copla, la cuarteta y la seguidilla son las estructuras básicas. El flamenco ha tomado préstamos. Hay romances de hace más siglos pero la mayoría de las canciones son del siglo XIX, y principios del XX.
Todo esto hasta el franquismo, ¿no? ¿Qué supuso el franquismo para la música tradicional?
El franquismo contó con la Sección Femenina, que había en casi todos los pueblos, para incorporar la música tradicional a lo que consideraba su idea nacionalista. Todas las provincias las uniformó con repertorios monolíticos. Cáceres, que es una provincia tan grande, era muy rica en variedades musicales, pero perdió mucha cultura musical al uniformizarse. La Sección Femenina creó los grupos de coros y danzas que fueron los encargados de esa uniformización.
¿Se institucionalizó?
Exacto, esa es la palabra. Se crearon artificialmente repertorios acordes con las ideas del régimen que seleccionaron sólo un tipo determinado de canciones y letras.
¿Hay más grupos de vuestro estilo?
Si, por supuesto, se podría hablar incluso de dos corrientes. Los que se mantienen en el sistema de los coros y danzas que aunque no tienen la ideología nacional-catolicista detrás si que mantienen la uniformidad, bailar igual, todo institucionalizado, tal como el franquismo implantó- Por otro lado los que vemos la música tradicional como una forma espontánea de cultura popular. En La Mancha y Murcia hay mucho movimiento de este tipo. He estado hace poco en un encuentro en Albacete: cuadrillas que querían invitar a los grupos de coros y danzas a cantar y bailar para recuperar esa convivencia fuera del escenario. En el País Vasco o cualquier sitio llega una personalidad y se le hace una danza tradicional, son otro ejemplo de esta institucionalización.
¿Os sentís cómodos en el término música tradicional, o preferís folclore?
Tradicional es lo que hacemos en la calle aunque nos hemos convertido también en grupo de escenario, que sería el término que encaja con la etiqueta de folklore.
Pero yo os he visto en la calle y es algo digno de ver.
Sí, también en los bares... [Risas]. Hemos hecho arreglos para las grabaciones, pero los cantares son espontáneos, por ejemplo los cambiamos y nos llegan los niños y nos riñen cuando no cantamos exactamente igual que en el disco. No entienden esa espontaneidad que es la que garantiza la frescura de la música. También creamos sobre la marcha, la capacidad de repentizar, o sea, improvisar letras sobre la marcha. Por ejemplo, hay un compañero que le tiene más de veinte coplas a una cabra revoltosa que tiene su padre.
Como la cultura más urbana del hip hop, ¿no?
Sí claro sería la versión más actual de esto. Con el folk no nos gusta identificarnos porque representa la elaboración de una versión actual de lo tradicional. Nosotros somos nuestra propia versión. El folk es una presentación más formal pensando en el escenario y algunos nos ven así, pero hemos preferido mantenernos fieles a los instrumentos tradicionales, aunque tenemos tentaciones e igual lo hacemos en un futuro, metiendo bajo y batería por ejemplo, sobre todo pensando en el escenario.
Cuando elegisteis el nombre sería por la irreverencia.
Un juego con los coros y danzas que se ponen nombres como la fuentecilla, el madroñal... Son nombres bucólicos y nosotros queríamos algo antibucólico. El arroyo de los Cagaos es el arroyo de los Castaños, de aquí en Villanueva, que cuando vierten las alcantarillas se contamina y huele mal. Es por lo que se le llama arroyo de los Cagaos.
Que también hay mierda en los pueblos.
Claro, si nos centramos en el trabajo que hacían los grupos de coros y danzas perdemos una cultura muy importante. Pero no todo lo relacionado con los grupos de coros y danzas es negativo. En el pueblo se ha mantenido la tradición de rondar gracias a la fiesta del Peropalo, sobre todo. La Ronda de Villanueva es la unión de todos los grupos del pueblo, ahora vamos a festivales como Ronda de Villanueva. Los días de fiesta tocamos todos juntos, los grupos son para el escenario. De algún grupo que viene de los coros y danzas como El Madroñal, de aquí, aprendimos mucho repertorio y estilo. Empezaron a grabar en estudio por ejemplo, dándole importancia a la calidad, pero sobre todo a tocar en la calle.
Vuestros discos se pueden descargar en internet.
Descubrimos hace poco las licencias Creative Commons (CC). En el primer disc o cometimos el error de entrar en la SGAE, pero al ser música tradicional nos parecía tonto atar los derechos. Así que con la CC cualquiera se lo puede bajar, de hecho desde nuestros propios ordenadores tenemos nuestra música disponible en el e-mule.
Has apuntado algo curioso. Siendo música tradicional podríais crear licencia y a partir de esa propiedad intelectual que os pagaran derechos a vosotros, lo cual es un poco ridículo.
Aquí es donde más claramente se ve el problema de la propiedad intelectual. Sabemos que con las copias que vendemos en el pueblo entre parientes, amigos y gente aficionada tenemos para cubrir los gastos y con eso nos basta. No entendemos como puede haber grupos folclóricos (y no folklóricos) que se empeñan en registrar la música. Nuestro planteamiento no sólo es por el tipo de música, también porque queremos que se escuche lo más posible.
Tenéis trabajo aparte de la música, ¿cómo están las condiciones para buscarse la vida en Villanueva?
Los motores económicos de la Vera han sido el tabaco y la construcción. Están ambos en crisis, el primero por el fin de las subvenciones y el segundo por la caída del sector. Los jóvenes que buscábamos otra cosa teníamos problemas aunque al cabo del tiempo terminas encontrando algo, no siempre en el municipio, al menos en la zona. Yo soy sociólogo y trabajo seis meses al año en un programa con inmigrantes.
Pero los que pretenden estudiar en la universidad, como dos compañeros, tienen que irse fuera. Salir a trabajar otros dos. Un compañero está en Madrid y viene cuando puede...
Los hijos del pueblo, que llaman.
Sí, está la población autóctona, que vive aquí, la de Madrid, que viene habitualmente, incluso todos los fines de semana, como yo hasta hace pocom los retornados, que emigraron y volvieron, los neorrurales, gente urbana que se ha venido al pueblo y que en Villanueva hay una importante comunidad, igual un 10- 15% y los inmigrantes , con un 10% de extranjeros en el municipio, aparte de los profesionales que se instalan en el pueblo por que se les destina aquí.
Los inmigrantes ¿son jornaleros básicamente?
En el tabaco trabajan rumanos de Madrigal o marroquíes de Talayuela. Este año han traído un contingente de polacos. El resto trabaja en la construcción y cuidando ancianos, sobre todo las mujeres latinoamericanas. Es una inmigración muy diversa, más de 25 nacionalidades diferentes en el municipio, pues hay también jubilados europeos, no solo inmigrantes por razones económicas.
¿Se llega al mestizaje?
Hay bastantes matrimonios mixtos. Gente que se conocía ya en el extranjero o bien aquí. Pero es un proceso lento no exento de racismo y xenofobia por parte de ambas comunidades.
¿Y cultural?
Mestizaje cultural está empezando a haber. El año pasado hicimos el Villamundo que es un festival de las culturas gracias a los programas de inmigrantes de Extremadura (salió en el Diagonal de noviembre de 2007). Se creó tejido asociativo, como forma de canalizar la participación, aparte de que en la fiesta se integraba todo el mundo.
Para terminar, ¿quieres decir algo? Por ejemplo, sobre cómo compaginar el folclore con lo multicultural: En el Villamundo se vio a los latinoamericanos cantando jotas o a los negros bailando pasodoble pero la interculturalidad es un proceso largo. El folklore en este contexto ha de hacer el papel de reivindicar la identidad propia, no sólo perdiendo el miedo a la otra, sino más bien contaminándose de ella, disfrutando toda la gente de lo mejor de los demás. Es esa idea de música tradicional espontánea a nuestro estilo lo que queremos transmitir con nuestra música.
Ha sido una entrevista muy completa: hemos partido de la música y hemos llegado a la interculturalidad. Espero volveros a ver sobre el escenario, pues realmente merece la pena, y en la calle, claro.
El periódico CNT entero en pdf (la entrevista está en la página 22)